Comentaba en el anterior post la gran expectación que la creación de una reserva natural en
Chernobyl y la posibilidad de contemplar la gran fauna que ahora lo puebla, ha despertado entre el público. Algo lógico si
consideramos que educados, en buena medida, por mamá
TV en mil
documentales sobre las grandes migraciones de fauna salvaje en la sabanas africanas o en las tundras árticas, sobre grandes comunidades de
hervíboros, sobre enormes carnívoros en eterna lucha por la supervivencia, y sobre espacios infinitos donde la mano del hombre no ha llegado, que inevitablemente ha surgido toda una generación que ansía tener algo de esa “
wilderness” (no sé traducirlo convenientemente) en el patio trasero de casa o al menos al alcance de un depósito de gasolina. Confieso que yo pertenezco a esa generación para la que contemplar naturaleza virgen es un placer y cuanto más extensa y más inalterada, mejor.
Por desgracia es harto complicado sino imposible observar algo de eso en España. Sé que me la juego con esta afirmación, pues también hemos sido “educados” en los esplendores naturales de Iberia, que nos han convencido de que vivimos en el “mejor de los mundos posibles”. No ignoro que se me pueden arrojar mil cifras en contra. Poseemos más de 13 millones de hectáreas de bosque, algo así como el 26% de la superficie nacional, somos el segundo país europeo en superficie forestal, sólo por
detrás de
Suecia y por delante de incluso
Finlandia. Además también somos el segundo país, esta vez del mundo, en aumento neto anual de superficie forestal (296.000 hectáreas) sólo detrás de países tan extensos como China y por delante de
Vietnan y Estados Unidos. Este aumento es
principalmente debido al abandono de tierras de cultivo y
regeneración natural de la superficie boscosa. Con 72 especies arbóreas nuestro arbolado es el más diverso de toda Europa. Poseemos una red de espacios protegidos bien consolidada que ampara al 46% de nuestros bosques. En definitiva, pareciera que efectivamente somos la “
reserva de biodiversidad de Europa”.

Bueno a quién eso dice, yo le aconsejaría viajar más. De todas formas, para no entrar en una lucha comparativa entre naciones (no quisiera yo iniciar una crisis
ecopolítica europea que bastante liada está ya la cosa) diré que yo me estoy refiriendo al concepto de bosque primario o bosque virgen. O mejor dicho al concepto de paisaje virgen, no
necesariamente un bosque y a algo mucho mayor que un valle. Por aclararnos un poco, técnicamente se habla
bosque virgen de aquél que se ha mantenido inalterado durante miles de años, no tocado por la mano del hombre (el
old-growth forest de los ingleses).
Bosque secundario es el que surge por degradación del primario tras un incendio o desastre natural, regenerado a partir del banco natural de semillas.
Bosque natural es un bosque regenerado que ha alcanzado una madurez similar a la de un bosque virgen, proceso que puede durar cientos de años.
Bosque seminatural sería un bosque maduro en vías de alcanzar el
clímax de un bosque natural.
Después están otros tipos de bosques como el artificial o las plantaciones forestales. Esta
clasificación puede ser arbitraria,
hay muchas más, pero no caprichosa, pues les aseguro que atravesar un bosque virgen es una experiencia única. En primer lugar se aprecia la diversidad de edad de los árboles, abundan los ejemplares centenarios. Esto es, aquellos que por contados para nosotros son árboles monumentales protegidos
individualmente, como
la encina de las 1000 ovejas del Valle de la
Alcudia, pues se dice que a su sombra podía sestear un rebaño tal, pues
imagínense un bosque entero a base de esos. El dosel, su altura, se sitúa mucho más arriba de los 10-20 metros acostumbrados, hay más estratos de vegetación por tanto, las
lianas abundan. Es difícil transitar pues el suelo está lleno de troncos y tocones caídos, abundan los ejemplares
semicaídos, la capa de suelo por acumulación de hojas y humus es enorme,
actúa como esponja de la humedad y aún en climas secos la almacena todo el año. Los hormigueros a base de
acículas amontonadas abundan y sobrepasan el metro de altura, junto con los hongos han acelerado el reciclado de nutrientes a tasas
inconcebibles para nuestros bosques actuales. La diversidad de plantas y animales se dispara en términos
comparativos.
¿Cuántos de esos bosques quedan es España? Respuesta correcta
ninguno, ¿y al menos naturales?
Ninguno. Incluso algunos de los bosques que pasan por ser de los más conservados de nuestra geografía como el
Bosque de Muniellos sólo entrarían en la
clasificación de
seminatural, pues ha conocido el hacha hace menos de cien años. Hagan cálculos ustedes mismos, resten a los bosques conocidos los que son repoblación, los que son
adehesados, los pastoreados, los que tienen menos de cien años, los que son explotados
forestalmente, los que son fragmentados por cortafuegos y caminos, los que incluyen poblamiento humano anque sea disperso, los incendiados, etc y ya me

dirán qué les queda.
¿Cuántos quedan en Europa?, pues bastante más, cierto que la mayoría del bosque virgen está en Rusia y países nórdicos como
Finlandia, pero no hay que olvidar el de
Białowieża en Polonia, el bosque de Perucica en la antigua Bosnia herzergovina del que os adjunto una imagen, determinados bosques de los
Cárpatos Rumanos en
Banato y
Oltenia, bosques
mediterráneos naturales como el de
Elatia en
Grecia.....¡
Ah si! Y el que a buen seguro lo será dentro unos años:
Chernobyl en Ucrania y
Bielorusia.
No es que quiera presentar un paisaje desolador, ciertamente nuestros bosques son maravillosos y yo estoy que no espero a que deje de llover para darme un paseo por uno de ellos. Pero creo que es necesario recuperar algo así como la “memoria histórica” de la naturaleza salvaje para no juzgar como “climax” espacios que en absoluto lo son, para no dar por cerradas representaciones faunísticas incompletas, para ser más ambiciosos y justos con quen tanto debemos.
Vamos lo que me a mí me encantaría es que se destinara una superficie adecuada a tal fin, a generar un espacio salvaje libre toda intervención humana, donde la naturaleza evolucionará a su antojo, donde poder reintroducir las comunidades faunísticas completas, donde manadas de herbivoros sufran el azote de manadas de lobos. Sí, sí me he delatado, quiero un Chernobyl (no radiactivo) o un Yelowstone ibérico, un santuario salvaje en definitiva.
¿Acaso no es suficiente la actual red de espacios protegidos? Bueno creo que no, además ser de
escasa superficie para lo que yo estoy hablando, en todos ellos se permite la explotación “tradicional” sea agricultura, ganadería, caza o tala
sostenible. Además muchas veces los parques naturales tienen más de parque que de natural. En España un espacio protegido prima más la función social y suele ser sinónimo de disfrute público, es decir
obligatoriamente debe ser accesible a todos. En numerosas ocasiones ha supuesto que rincones olvidados reciban un aluvión de visitas, que para facilitarlas se construyan sendas, carreteras, aparcamientos, se diseñen itinerarios se llene de
cartelitos, zonas de observación, lugares de descanso, barbacoas, cantinas, se editen folletos para que vaya más gente.
Que sí, que sí, que todos tenemos derecho, que la educación ambiental es necesaria y que las comunidades locales necesitan ver que un espacio protegido es una oportunidad de desarrollo. Pero sé de más de un
ecologista que calla y prefiere no se declaren protegidos espacios olvidados. Además no creo que ninguna Administración pública sea capaz de renunciar a toda gestión sobre un porción de su territorio, aunque sea con cortafuegos, habilitando pistas, gestionando fauna, controlando plagas, eliminando maleza y cosas de esas. Pero es que estoy caprichoso y
yo lo que quiero es naturaleza virgen, aunque sea un único ejemplo.
Y aunque parezca sorprendente se trata de toda una tendencia en ecología y de un clamor popular. Es una tendencia porque muchos científicos buscan afanosamente cuáles deberían ser los modelos hacia los que dirigir la restauración de ecosistemas cuando no queda ningún ejemplo real que copiar. Para solucionar estas carencias a menudo se ha recurrido a la
descripción histórica, a la
palinología, a la
zooarqueología, a los modelos matemáticos, pero todo son descripciones fragmentarias. Por ejemplo ¿es el lince ibérico una especia típica de marismas porque abunda en
Doñana? ¿porque no entonces dejar al naturaleza seguir su curso? También es una demanda popular y en los últimos años han surgido diversas iniciativas privadas con intentos más menos serios o más o menos comerciales de reconstruir este tipo de espacios como la
reserva francesa de caballos przewalskii del Sistema Central francés que creó la
ong TAHK , o la finca
Alladale en Escocia, una reserva privada sotenida por el turismo ecológico de lujo donde
reintrodujeron el alce, o ya intentos más serios como la inmensa
reserva privada de Pumalin en la
Patagonia Chilena y Argentina con 3250 km2 todos propiedad del
multimillonario Douglas Tompkins, en
Sudáfrica hay iniciativas similares. En España yo me creía un lunático pero escribiendo sobre el tema me topé con este foro
el lince ibérico y con éste otro
celtiberia donde comprobé el interés inmediato que suscita el tema, y tanto me he animado que en el próximo post voy a describir cómo debería ser, en mi
opinión, este espacio salvaje en España e incluso mojarme a proponer candidatos por si algún
multimillonario se anima (eh!
Douglas me oyes..?).
